jueves, 8 de noviembre de 2012

Déjame, que enloquezco...

"Y si quieres conocerme,
no me observes, mírame."
Mägo de Oz

Hablemos de sexo. Hablemos de amor, de política, de pasados vergonzosos y futuros inciertos... pero sobretodo, hablemos de sexo.

No me dejes de recordar aquel momento en que decidí entrar en la vorágine que me envuelve; aquella mano que asomaba, tierna, a la que me agarré como si de ello dependiese la supervivencia de añadas venideras, y la cual me soltó y yo seguí arrastrando durante meses. 
No me dejes olvidar los partidos de ping-pong que se jugaban en terreno neuronal, en las sinapsis erróneas e inequívocas que conforman lo que algunos se atreven a llamar persona. Las noches en vela, y las lágrimas vertidas para saciar aquella sed salina, hambre de emoción, de linos y algodones.

Hablemos de todo, y hablemos de sexo. De derechas e izquierdas. De lo olvidado y lo no recordado, y de lo que a sangre se graba sobre lo grabado en fuego.
Hablemos de nada, y hablemos de sexo. De los días con sus no-días, y las noches con sus lunas llenas perrenes, ocultas bajo mantos estelares de H2O.

No sé muy bien que quiero decirte, pero a ciencia cierta, tampoco qué quiero ocultarte... o negarte... o gritarte secretamente. 
No sé si quiero amarte, u odiarte, o simplemente serte indiferente. 

Sólo sé que las horas son segundos, y los guantes; son mitones.


sábado, 13 de octubre de 2012

Grito desesperado al subconsciete

Despertarse entre sábanas y sudores, entre almohadones y legañas. Vislumbrar la luz allá afuera, el ruido, la ciudad y los pájaros, y volver a entrecerrar los párpados, impidiendo que esos reflejos molestos te cieguen. Dar una vuelta, dos... buscar en la almohada algún recoveco de frescor, y con los pies el aire cargado bajo las sábanas.

Y entonces, en ese segundo en que te debates entre el sueño y la vigilia, entre realidad y fantasía, volar. Volar y huir de la mente, del cuerpo y de esas sábanas gastadas. Perderse en el aire, diáfano. Retozar entre los pensamientos de hoy, ayer y mañana, y entre los deseos pasados, anhelos presentes, y caos futuros.

Y darse cuenta, en ese segundo, de todo; da igual si cierto o falso. Darse cuenta de ese corazón fragmentado, y esos cientos de latidos ectópicos que luchan por proclamarse vencedores sobre el resto. Darse cuenta de esas ilusiones, opuestas, que se enfrentan en las arenas más sangrientas de tus cavilaciones. Y en ello, olvidarse de que se es persona, sentirse idea, pensamiento... sentirse segundo y minuto. Y odiarse.

Odiarse por ser, y por no ser. Por tener y no dar, y no tener y derrochar. Eterna antítesis de la mente, del estático fluir, y de los aluviones de pasividad.

Soy.

Siento, quiero, necesito...

martes, 18 de septiembre de 2012

X

Extraño, como libre. Con tiempo que gastar e historias que escuchar, historias que vivir e historias que contar.

La hierba, cómplice de confesiones, de palabras salidas de muy dentro. Cómplice del tiempo, de las necesidades, de los delicados pasos de bailarina sobre un campo de minas... cómplice de fantasías, de sueños, de libertades y guitarras, del Sol, la lluvia, la tierra... cómplice de cómplices, espía superfluo de banales cavilaciones.

Noche, oscuridad, fresco y piano. Y sueño y ensueño. Y piano... y piano.... y más piano....

lunes, 17 de septiembre de 2012

Rumbo a uno... y a otro

Y vuelta al ruedo. Más sangre, más sudor, más ojeras y menos tiempo.
Nuevos aires; aires fríos, o cálidos tal vez. Aires de grandeza y de inferioridad, de curioso y atrevido tal vez.
Nuevos viejos deseos que pasan a formar parte de ese gran cajón de sastre de lo que nunca pudo ser; o no quiso, o tal vez nunca llegó. Nuevos viejos deseos que empiezan a coger polvo y a arrinconarse para, ojalá, por casualidades del azar, volver a relucir meses más tarde.
Nueva etapa, que poco o nada tiene de nueva, más allá de lo puramente psicológico, del carácter que un yo, subjetivo, quiera darle.
Nuevas divagaciones, nuevos pensamientos, conocimientos, cimientos sobre los que asentar una vida que se crea...

Nuevos, nuevas... que al final no son, sino viejos, viejas...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Durante otro de esos instantes imposibles, la ciudad se irguió, reconstruida e irreconocible, más alta de lo que nunca había esperado ser, más alta de lo que el hombre la había edificado, erguida sobre pedestales de hormigón triturado y briznas de metal desgarrado, de un millón de colores, con un millón de fenómenos, una puerta donde tendría que haber habido una ventana, un tejado en el sitio de un cimiento, y, después, la ciudad giró sobre sí misma y cayó muerta.
El sonido de su muerte llegó más tarde.
Ray Bradbury


jueves, 30 de agosto de 2012

Un, dos, tres y... clap, clap, clap.

Treinta de agosto, el verano agoniza. Las noches se distienden, se dilatan en danzas renovadoras y frescas. La boca, seca. La garganta, afónica de tanto gritar en silencio. Los pies, cansados, doloridos, reventados de hacer kilómetros en caminos de segunda, repletos de pequeñas piedras que admirar.

Se siente el fin, lejano, a la vuelta de la esquina. Y cómo se agolpan momentos tan intensos, cómo se condensan en un segundo, en tres palabras, cuatro suspiros... Respira.

Respira y vuelve a respirar. Notando el fluir constante del mar, la tierra, la montaña, el asfalto de Madrid, la luna de la Tierra, las estrellas pérdidas en masías o tal vez en vastos campos asalvajados. Respira.

Euforia, besos, sexo, decepción, enfado, frustración, cariño, reencuentro, perdón, abrazos, nostalgia, confusión, lágrimas, sonrisas, saltos, paseos, miedo, ternura... Sobretodo euforia y besos. Y sexo. Y decepción, enfado y frustración. Y el cariño del reencuentro. Y también el perdón, los abrazos nostálgicos, la confusión. Y las lágrimas sonrientes, los saltos paseando. Y el miedo y la ternura. Sobretodo eso.

Nunca es tarde para crecer, pero tampoco para ser niño de nuevo...

miércoles, 1 de agosto de 2012

Cuando el sol calienta

De las mañanas de sábanas y las tardes de insomnio, la casa sin barrer y el espíritu límpido. El silencio en las orejas. Las estrellas, compañeras. Los chorros, el frío, el verde y el gentío.


Olvidar de amar, de pensar, de echar y hechar. Olvidar de hablar, de oír, de llamar y ser llamado. Olvidar de olvidar, de indagar, de buscar y rebuscar.


El todo y la nada fusionados en un mismo ser inexistente, impensable, intrínseco, incalculable, etéreo e imperdible.


Tan solo un amanecer más que calienta con la fuerza suficiente para derretir los restos de mi glaciar.